L’ambient universitari xinès

gener 3, 2008

Com que jo no ho podria haver escrit millor, us passo un article molt ilustrador d’en Rafael Poch (corresponsal de La Vanguardia a Beijing) sobre la situació de l’educació a Xina i el tristissim ambient universitari que un ha pogut trobar por estos lares… Sap greu dir-ho i pot semblar pedant, pero sinó fos pels occidentals la vida nocturna d’aquesta ciutat estaria morta i enterrada…

Al final del article podreu veure un vídeo d’un dels concerts que es fan al D22, el famós bar on fa referència l’article i que l’autor freqüenta sovint, igual que un servidor perque enganyar-nos… Allà s’hi poden trobar gairebé els pocs i únics grups de pop-rock independent xinès que ronden per Beijing. He tingut la delicadesa de penjar-vos algo potable per a les vostres orelles… Si, si, això es potable,… jeje ja us podeu imaginar el que no ho és… Pels curiosos al Youtube podreu trobar més concerts en aquest lloc..

 

 

 

China comienza a cuestionarse su sistema educativo

Tras las ventajas de la tradición de meritocracia, un excesivo culto a la memorización, al examen, y al utilitarismo carrerista, en menoscabo de la creatividad y el déficit en humanidades, complican el panorama.

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El D-22 es mucho más que un bar “moderno” situado en el norte de Pekín. Es un fenómeno sociológico. En el local se escucha, los domingos, el mejor jazz de la ciudad. Los demás días de la semana hay conciertos de rock y punk -para quien los soporte- y se pasan películas. Si alguien está interesado en lo que se cuece en la escena musical “alternativa” pekinesa y china, el D-22 es el lugar. Está situado en la calle ChengFu Lu, justo enfrente de la entrada principal de la Universidad de Pekín (Beida). La entrada de la otra gran universidad pekinesa, Tsinghua, queda a 200 metros a la izquierda. Podría pensarse que el local está lleno a rebosar de estudiantes chinos. No lo está. “Vienen muy pocos”, dice Charles, un malagueño medio británico –o un británico medio malagueño- que regenta D-22 junto con un profesor de finanzas americano que imparte clases en Tsinghua. La razón, explica Charles, es que los estudiantes están demasiado estresados con los estudios como para permitirse frecuentar esa tentación musical tan próxima y tentadora.

Beida y Tsinghua, son dos de las universidades de elite chinas. El que logra ingresar en ellas quiere decir que ha demostrado su capacidad y talento. Pero en China, “capacidad y talento”, son, sobre todo, conceptos que se refieren a la voluntad de esfuerzo, memorización y la disposición a trabajar duro. Lo que los exámenes ponen a prueba es eso. La situación que resulta es bastante incompatible con visitar el D-22 y con el asueto en general.

Pero de la misma forma en que la vida de un joven no es solo estudio –el mensaje subliminal que los neones de D-22 lanza a ambas universidades-, el propio estudio tampoco es únicamente una vía para hacerse una “posición en la vida”. Hay algo más, y ese “algo” es lo que falta en China, y otros países asiáticos de la vecindad, donde el exacerbado espíritu práctico y carrerista convierte a los jóvenes en ovnis humanos para un observador europeo meridional. El asunto es particularmente complicado si es verdad, como se sospecha, que ese “algo” contiene ingredientes importantes para la creatividad y el desarrollo integral de la personalidad humana.

El tema comienza a ser objeto de debate en China. Según algunos expertos chinos, el sistema universitario nacional está sometido a excesivas presiones del “utilitarismo”, acceder a un empleo lo más lucrativo posible (y a otro nivel; a un buen matrimonio desde el punto de vista del ingreso sumado de la pareja, aunque haya poco romanticismo hacia el pretendiente), a causa de un contexto social excesivamente comercial. La formación universitaria está demasiado enfocada hacia el mercado laboral y la investigación, ignorando su aspecto básico de educación integral. En ese contexto, hay un fuerte déficit en humanidades, señala el profesor Shu Wei, en un artículo de la revista intelectual “Du Shu”.

Fortalecer las humanidades en el sistema chino, “ayudaría a los estudiantes a resistir el puro utilitarismo a la hora de escoger sus trabajos al salir de la universidad, a superar una visión profesional estrecha y limitada, y también a comprender mejor China y la historia, la cultura y la economía mundial, con miras a hacerse una visión del país y del mundo desde la perspectiva de la historia de la civilización mundial”, dice.

El problema viene de más abajo, de la enseñanza media, donde comienza la practica de la memorización, explica esta semana Chen Weihua, un columnista de “China Daily”. El culto a la memorización podría derivarse de lo más básico; del gran esfuerzo que requiere aprender a escribir los caracteres chinos. Si en Occidente la habilidad en caligrafía es una cualidad bastante banal, en China, por la complejidad de su escritura, fue elevada a rango de arte, que exigía años de disciplinado aprendizaje para florecer.

En China, la alfabetización se define como la capacidad de leer y escribir 1500 caracteres. Los licenciados universitarios superan los 5000. A principios de siglo XX, la mayoría de los chinos eran analfabetos. La revolución, la simplificación de los caracteres introducida por los comunistas, y las campañas de educación lanzadas, aumentaron la alfabetización hasta alcanzar cerca del 90% de la población adulta, señala un informe de la ONU. Hoy, hay 116 millones de adultos analfabetos pero en abril “China Daily” informó que esa cifra había crecido en 30 millones desde el año 2000, cuando los que no sabían leer eran 87 millones. Otro síntoma inquietante.

En las escuelas chinas no se fomenta el espíritu crítico e independiente, dice Chen Weihua. “Para la mayoría de los profesores los estudiantes que cuestionan al profesor en clase son malos e indisciplinados”, “las preguntas agudas que comprometan al profesor se entienden como algo irrespetuoso”, “hacer pocas preguntas es un signo de una enseñanza exitosa y de buena disciplina”, explica. Su hija va una escuela de Shanghai “moderna”, precisamente porque fomenta el pensamiento independiente. “Su profesor de matemáticas nos ha dicho que la enviemos a estudiar a universidades de América o Europa, porque la habilidad de pensamiento independiente que ha adquirido se perderá en cuanto pase cuatro años en una universidad china”, dice.

Según Chen, el sistema pensado para pasar exámenes, una antigua tradición china, es responsable de la ausencia de creatividad. “Sólo los estudiantes que consiguen las mejores notas en los exámenes son considerados buenos, sin atender a la gran diversidad de capacidades y talentos que demuestran”, dice. El objetivo de la enseñanza media es triunfar en el examen anual para ingresar en las universidades de mayor prestigio desde las que es más fácil acceder a trabajos mejores. Nueve millones de estudiantes se examinan cada año en China, de los que solo el 1% logra acceder a las universidades de elite.

“Después de 12 o 16 años, en ese sistema, los estudiantes se convierten en maquinas de pasar exámenes con muy poca creatividad”. Según un estudio citado por el mismo articulista, los estudiantes chinos están entre los mejores en su habilidad informática, pero en creatividad están en el puesto 17 sobre 21 países.

“Nuestro sistema de enseñanza debería iniciar una reforma fundamental para que los niños más brillantes no tuvieran que ir a estudiar a universidades occidentales para ser creativos”, dice Chen.

Durante siglos los exámenes fueron el mecanismo de ingreso de los chinos en una elite cuya gran ventaja sobre las occidentales, era que tenía escasos prejuicios sociales y religiosos, y que se concebía como una meritocracia destinada a organizar el gobierno de los más capaces. Para los pobres, estos exámenes eran el ascensor social más claro. Muchos se pasaban gran parte de su vida adulta preparándose para las pruebas, lo que producía mucho rencor en caso de fracaso. Algunos líderes rebeldes chinos fueron opositores que se radicalizaron tras sucesivos fracasos en el examen. Sin embargo, durante siglos, el propio proceso de educación para los exámenes se demostró como un sólido mecanismo de adoctrinamiento y disciplina. Su resultado era una administración eficaz y sumisa, en la que eran raras las rebeliones de funcionarios. La burocracia tenía un sistema numérico, como posteriormente en la Rusia imperial, que delimitaba claramente la jerarquía interna de los funcionarios. La meritocracia tiene aun grandes y claras virtudes, pero la gran cuestión es si el actual sistema educativo chino es funcional para una sociedad de la información moderna, flexible e innovadora. El debate parece haber comenzado.

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